Cuando hablamos de salud auditiva, es común pensar que sordera y pérdida auditiva significan lo mismo. Sin embargo, aunque ambos conceptos están relacionados, no describen exactamente la misma situación. Comprender sus diferencias permite reconocer mejor los cambios que pueden producirse en nuestra audición y saber cuándo es importante consultar con un profesional.
En el marco del Día Internacional de las Personas Sordas, que se conmemora cada 23 de septiembre, desde GAES queremos ayudarte a conocer mejor estos conceptos y entender que existen diferentes grados y tipos de pérdida auditiva. Una evaluación auditiva profesional permite conocer las características de cada caso y recibir orientación adecuada.
La pérdida auditiva se produce cuando disminuye nuestra capacidad para escuchar. Puede presentarse en diferentes grados y afectar a uno o ambos oídos.
No todas las personas experimentan una pérdida auditiva de la misma manera. En algunos casos, puede resultar difícil escuchar determinados sonidos o seguir una conversación, especialmente cuando existe ruido alrededor. En otros, la dificultad para escuchar puede ser mayor.
Además, la pérdida auditiva puede aparecer en diferentes etapas de la vida y estar relacionada con distintos factores, como la edad, la exposición prolongada a sonidos intensos, la herencia o determinadas condiciones de salud.
Por eso, hablar de pérdida auditiva no significa necesariamente hablar de una pérdida total de la capacidad para escuchar. Existen diferentes grados y cada persona puede experimentar sus efectos de una manera distinta.
La sordera suele utilizarse para referirse a una pérdida auditiva profunda o total, en la que la capacidad para percibir sonidos está muy limitada.
Esto significa que tener una pérdida auditiva no necesariamente equivale a tener sordera. La disminución de la capacidad auditiva puede presentarse en distintos grados, desde dificultades más leves hasta pérdidas mucho más profundas.
La única manera de conocer cómo está nuestra audición y determinar las características de una posible pérdida es mediante una evaluación auditiva profesional.
Comprender que sordera y pérdida auditiva no son exactamente lo mismo ayuda a reconocer que los cambios en la audición pueden presentarse de diferentes formas y grados.
Además, una pérdida auditiva puede desarrollarse progresivamente, haciendo que sus primeras señales pasen desapercibidas. Muchas personas comienzan a adaptarse a estas dificultades sin darse cuenta de que su audición ha cambiado.
Algunas señales a las que conviene prestar atención son:
Reconocer estas señales no significa necesariamente que exista una pérdida auditiva, pero sí puede ser un motivo para consultar con un profesional.
Ante cualquier cambio en la capacidad para escuchar, una evaluación auditiva profesional es el mejor punto de partida para conocer cómo está nuestra audición.
A través de las pruebas correspondientes, es posible identificar posibles cambios y obtener una visión más precisa de la capacidad auditiva de cada persona. A partir de los resultados, un profesional puede orientar sobre los pasos que se pueden seguir.
Esto es especialmente importante porque no todas las pérdidas auditivas son iguales. El grado y las características de cada caso pueden variar, por lo que las alternativas disponibles también dependerán de las necesidades de cada persona.
Hablar de salud auditiva no significa únicamente hablar de cuánto escuchamos. También significa prestar atención a los cambios que pueden aparecer con el tiempo y entender que existen diferentes formas y grados de pérdida auditiva.
Reconocer estas diferencias puede ayudarnos a dejar de normalizar ciertas dificultades y dar el primer paso para conocer nuestro estado auditivo.
Porque cuidar nuestra audición también es cuidar nuestra forma de comunicarnos, disfrutar de los sonidos que nos rodean y seguir conectados con las personas y los momentos que más nos importan.
¿Hace cuánto no revisas tu audición? Agenda una evaluación auditiva gratuita en tu centro GAES más cercano y conoce cómo está tu audición.