05/10/2009
Los chilenos definitivamente están cansados de vivir en ciudades ruidosas. Así lo refleja la Encuesta Nacional “Contaminación acústica y calidad de vida” realizada por la empresa Gaes a 1.200 hombres y mujeres, de los cuales el 63% cree que su ciudad es “muy” o “bastante ruidosa”.
Esta encuesta se desarrolló telefónicamente entre agosto 2008 y el mismo mes de 2009 a pacientes de Gaes de todo el país, a quienes se les consultó qué tan ruidosa era su ciudad. “Contaminación acústica y calidad de vida” reveló que más de la mayoría de los entrevistados vivían en un lugar demasiado ruidoso.
Dentro de los ruidos que los encuestados aseguran que más molestan están los que tienen relación con la congestión vehicular y el tráfico en las calles. Para ellos, las ciudades con mayor contaminación acústica son: Santiago (comuna) y Antofagasta, con el 74,5% y 72,7% respectivamente.
Según la encuesta, el resto del país no se salva de este problema. Entre las ciudades percibidas como más ruidosas están: Concepción (71,4%), ciudades de la Región Metropolitana (71,2%), Valparaíso (68,4%), Rancagua (55,6%) y Talcahuano (55,1%).
Lo anterior es preocupante, teniendo en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha asegurado que los efectos del ruido en la salud causan otro tipo de deterioros a la salud como: problemas de audición, efectos sobre el sueño, sobre los sistemas cardiovasculares, psicofisiológicos y sobre el comportamiento social; como lo publicó un grupo de trabajo de la OMS el año 1992. Esto fue corroborado en Chile por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) el año 1997 en sus Talleres de entrenamiento para el manejo de la contaminación ambiental.
Luis Ortega, fonoaudiólogo de la empresa Gaes, explica que “La molestia frente al ruido está influenciada no sólo por las características del estímulo sonoro; sino también por factores no acústicos como el requerimiento social, psicológico y hasta económico de la población. Varios estudios han determinado que existe grupos más sensibles a los efectos del ruido; destacando el efecto y la molestia que el ruido genera en grupos de alto nivel intelectual”.
Además, “Un daño temporal del umbral auditivo puede ser provocado sólo con una breve exposición a sonidos intensos que, afortunadamente, si no son repetitivos, el sistema es capaz de recuperar después de un período de tiempo. Sin embargo, si la exposición es permanente o bien los factores de la intensidad, duración o incluso las características del lugar maximizan el impacto, la pérdida temporal puede (de acuerdo a múltiples estudios) ser permanente”, asegura Ortega.